El "teatro" de las oposiciones a
Profesor Titular de Universidad



Avui, 9 enero 1999

En su número del 24 de diciembre pasado, Nature, una de las revistas científicas más influyentes del mundo, ha publicado un duro editorial contra el amiguismo, la endogamia y la mentalidad funcionarial en las universidades españolas. El editorial está acompañado de un artículo en el que se relata con todo detalle el desarrollo del "concurso-oposición" a Profesor Titular de Universidad al que me presenté en 1994. La plaza la ganó, como ocurre casi siempre, quien de antemano estaba previsto que la ganara: el "candidato de la casa". ¿Qué tuvo esta "oposición" de particular para que la revista Nature le haya dedicado un artículo y haya sido el desencadenante del editorial? Parece evidente que si el caso no fuese auténticamente de escándalo, Nature no se habría interesado por él.

Tras una estancia de ocho años en Alemania --los tres primeros realizando la tesis doctoral y luego como investigador postdoctoral contratado-- regresé a España en octubre de 1994 en el marco del programa de reincorporación de investigadores (programa que luego ha resultado ser un auténtico fracaso). En noviembre de 1994 me presenté a una oposición a Profesor Titular de Universidad en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca para una plaza del área de conocimiento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica. Nos presentamos tres opositores, Fernando Atrio Barandela, el candidato de la casa y yo, los tres doctores en Ciencias Físicas. Los miembros del tribunal fueron: Jesús Seco Santos, José Luis Labajo Salazar, Jaime Zamorano Calvo, Ángel Gerardo Alguacil de la Blanca y Eduardo Salvador Solé.

El desarrollo de las pruebas demostró desde el principio que la oposición no era más que una farsa destinada a darle revestimiento legal al regalo de una plaza al candidato de la casa. Dado que su curriculum investigador era manifiestamente pobre, la puntuación obtenida en el primer ejercicio (tres puntos para Atrio Barandela y para mí frente a cinco para él) daba ya idea de que se trataba de un montaje teatral y Atrio Barandela decidió retirarse; más adelante envió una carta al rector, copia de la cual obra en poder del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, explicando sus razones para no proseguir. Yo, sin embargo, continué hasta el final para no perder el derecho a recurrir. Finalmente obtuve el voto de Eduardo Salvador Solé frente a los cuatro votos que obtuvo "el candidato de la casa". Mi reclamación se basó fundamentalmente en la superioridad de mi curriculum investigador frente al del candidato predeterminado para llevarse la plaza.

El rector de la Universidad de Salamanca, Ignacio Berdugo, tardó más de un año en contestar a mi reclamación, a pesar de que la ley marca un plazo de dos meses (Art. 14.4 del Real Decreto 1888/1984). El rector decidió recabar informes a dos especialistas extranjeros de reconocido prestigio. La carta que me envió el 19 de diciembre de 1995 entrará en los anales de la historia de las oposiciones. Dice el rector: "Analizada por esta Comisión la documentación e informes enviados por los evaluadores, fueron coincidentes en el sentido de que el curriculum del Dr. Ferriz presenta una contribución científica sustancialmente más importante que la del Dr. Rivas." En dicha carta, el rector reconoce irregularidades en la actuación del tribunal de la oposición (aunque sin emplear esta palabra): "Esta Comisión de Reclamaciones, al carecer de conocimientos científicos necesarios (...) considera que debe admitir la decisión de la Comisión que juzgó el concurso, a pesar de que dicha Comisión evaluadora debió obrar con mayor diligencia..." Más adelante reconoce que las actas de la oposición fueron redactadas "de forma vaga." A pesar de todo, no anula el concurso y confirma en su plaza al candidato de la casa. Éste es un caso más entre otros muchos, pero con el agravante de que, no sólo se han cometido irregularidades, sino que existen informes --solicitados por la propia Universidad de Salamanca-- que son favorables a mí. El motivo alegado por el rector para no darme la plaza a pesar de los informes fue que los expertos consultados "no se habían manifestado con claridad sobre el candidato más adecuado al perfil de la plaza".

Aproximadamente un año después de la oposición salió convocada una plaza de ayudante (mediante concurso de méritos) para otro departamento de la Facultad de Ciencias de Salamanca. El perfil de la plaza era de Astrofísica, con el cometido docente era impartir prácticas de telescopios. La plaza de ayudante fue nuevamente para el "candidato de la casa", licenciado en Químicas, pero apoyado por el catedrático del grupo de Física Teórica que actuó de presidente de la comisión que resolvió la plaza. Aparte de mí se presentaron varios astrofísicos más, pero el más apto para dar prácticas de telescopios resultó ser el químico... Nuevamente presenté un recurso y nuevamente fue denegado por una comisión de reclamaciones presidida por Ignacio Berdugo, el mismo rector que un año antes consideraba que yo tenía méritos científicos esencialmente superiores a los del candidato que sacó la plaza, pero que no me adaptaba tan bien como él al perfil de la misma.

Parece que con motivo del revuelo causado por el editorial de Nature, el gobierno se quiere apresurar a sacar adelante la modificación de la Ley de Reforma Universitaria (LRU), que lleva más de un año pendiente de tramitarse. Como se indica en el editorial de Nature, el borrador de la reforma es claramente insuficiente, a pesar de que contiene aspectos positivos, tal como que en una "oposición" la universidad convocante sólo pueda nombrar a uno de los miembros del tribunal. La reiterada violación de los principios constitucionales de igualdad de oportunidades y los de capacidad y mérito para el acceso a la función pública en la Universidad merece un grupo de medidas más contundentes y efectivas que impliquen estrictos controles externos y favorezcan cambios de mentalidad.

El 20 de diciembre de 1997 publiqué un artículo en la sección Porta Oberta de este diario en el que decía, con referencia al borrador de modificación de la LRU, que todas las buenas intenciones pueden quedar en papel mojado si las normas se establecen para no cumplirse. Los tribunales de oposición recurren a menudo a todo tipo de triquiñuelas para favorecer al "candidato de la casa". Por supuesto, existe un marco legal dentro del cual cada tribunal puede establecer los baremos, pero si el candidato predeterminado para ganar la plaza tiene un curriculum muy malo y el marco legal no basta, se incumple la ley y no pasa nada. Esto ocurrió de manera escandalosa en la oposición a Profesor Titular a la que me presenté en Salamanca. En lo sucesivo me referiré al Real Decreto 1888/1984 del 26-X-1984.

Según el Artículo 3.1, el área de conocimiento da el nombre a la plaza. La ley sólo contempla la existencia de una "actividad docente a desarrollar" por quien obtenga la plaza (llámese si se quiere "perfil docente") y sobre la que hay que entregar y defender públicamente una memoria docente. Aunque no existe ningún perfil investigador, en las actas de la oposición y en las alegaciones de los miembros del tribunal a mi reclamación, los cuatro que votaron contra mí emplean el argumento (ilegal) de que "la investigación del candidato de la casa era más adecuada al perfil de la plaza." En el colmo del descaro, José Luís Labajo Salazar, miembro del tribunal, escribe en una carta dirigida al rector: "El recurrente hace referencia al artículo 8.2a del Real Decreto por el que se regulan los concursos pra la provisión de plazas de cuerpos docentes universitarios, en el párrafo que dice que en el primer ejercicio se evaluarán como mértio prioritario las actividades de investigación de los candidatos. Considero que aunque no se indique explícitamente, tales actividades deberán estar ligadas de alguna manera al perfil de la plaza ya que la investigación en otros campos no conexos con el citado perfil puede incluso no ser evaluable". O sea, este señor no está de acuerdo con lo que dice la Ley y, por tanto, se la salta a la torera. Esto es sólo un ejemplo de las muchas torpezas e irregularidades cometidas por los miembros del tribunal, gracias a las cuales esta oposición ha sido considerada por la revista Nature como digna de publicarse acompañando al editorial en el que se critica, entre otras cosas, el amiguismo de los tribunales de oposición. Aparte de esto, el interés de Nature ha obedecido a que se dispone de abundante documentación que ilustra con todo lujo de detalles lo que pasó y también a que, a diferencia de otros casos, he tenido el empeño de llevar el caso adelante, pese a los frecuentes consejos de que desistiera "porque no hay nada que hacer".

Los frecuentes trapicheos en los tribunales de oposición y la mentalidad de que "el que se fue a Sevilla perdió su silla" no van a desaparecer porque se modifique la LRU. Mientras siga existiendo la impunidad de hecho para los miembros de los tribunales y para los rectores todo seguirá igual. Mucho me temo que el caparazón de prepotencia y cinismo que recubre a muchos de los que manejan las universidades y departamentos como si fueran sus fincas particulares es muy duro y no les va a afectar demasiado lo que publique la revista Nature, aunque espero que las cosas empiecen a cambiar.

Antonio Ferriz Mas
Doctor en Ciencias Físicas
Avui, 9 de enero de 1999